
El nuevo empleado del mini mercado sufrió demasiado para que su vida termine de la forma en que ocurrió. Un ladrón – que curiosamente había sido apresado hacía solo una semana en un operativo en una villa de San Justo- no tuvo piedad del joven.
Entró sigilosamente por la puerta corrediza -que rara vez funciona-, se acercó a las góndolas de los lácteos, tomó algunos productos -que ni siquiera podía cargar- y los apoyó con mucho cuidado sobre el mostrador desprolijo, con manchas y fracturas que jamás fueron arregladas.
Lucio Fonseca, un poco atontado, tomó cada uno de los productos, los envolvió y luego, mentalmente, sacó la cuenta de cuánto debía pagar el cliente.
Cuando Claudio Arévalo, de 33 años y 5 antecedentes por robo agravado e intento de homicidio escuchó la suma, no atinó un segundo y apuntó su pistola hacia Lucio. Este trató de escapar por atrás del mostrador, pero el delincuente fue más rápido y lo atrapó. Le propinó una gran cantidad de golpes y luego disparó dos veces en sus piernas.
El delincuente lo miró fijamente mientras este se retorcía en el suelo, le pisó la pierna derecha, le dijo una frase incomprensible y le disparó exactamente debajo de su hombro izquierdo. Horas más tarde fue encontrado a solo unas cuadras del lugar y volvió a ser apresado.





